Elizabeth una joven madre soltera de alta sociedad me llamo en la mañana, ella saldría esta noche con un guapo empresario ingles que la había cortejado durante meses, según me dijo con una voz presurosa pero cálida necesitaba una niñera con urgencia, había contratado a la hija de doña Marta una mercader que se encontraba de paso en el pueblo, pero ésta había desaparecido durante el almuerzo, su madre tampoco sabía donde se encontraba pero pensaba que tal ves fue a la fiesta a que le prohibió ir, como esa esto ya era raro, tres niñeras habían desaparecido desde que Elizabeth y su hijo Peter de diez años se habían instalado en el pueblo hace poco más de tres meses, las personas comentaban cosas muy diversas, algunas decían que todo era casualidad que la primera regreso con su ex-esposo al pueblo vecino y que la segunda con su carácter débil e irritable se cansó de cuidar a un niño tan problemático y mimado como Peter, estas teorías parecían coincidir y era más lógicas que aquellas que le atribuían las pérdidas de las niñeras a poderes malignos que rodeaban esa casa, "son vampiros"-oí decir una vez-"no claro que no"-decía una mujer regordeta con un horrible vestido floreado mientras se atiborraba de pan-"solo practican rituales satánicos"-repetía la grotesca mujer.
La verdad es que no me importó nada de esto cuando Elizabeth me llamo esta mañana, solo podía pensar en lo mucho que mi familia necesitaba ese dinero, en una época de total escasees, en mi mente hice planes de como gastaría el dinero (pan, queso, leche, y tal ves un trozo de chocolate para Agatha mi hermana menor). Me despedí de mi madre con un fugaz beso en la mejilla, y me dirigí a la mansión de Elizabeth.
-Buenos noches Rose, los números de emergencia están en la nevera y Peter esta jugando en el jardín, ha estado allí desde la mañana, él ya comió y si necesitas algo puedes servirte, hasta luego!-dijo la señora Elizabeth saliendo por la puerta de la mano de su amado con una enorme sonrisa en sus labios-, que estúpidos rumores-pensé en ese momento-¿como pueden decir algo tan macabro de una mujer tan dulce?, haciéndome esta y otras interrogantes caminé por la casa hasta llegar al jardín y ahí estaba Peter sentado en una silla demasiado alta para él, sus pequeñas piernas quedaban colgando, él era más pequeño de lo normal para un niño de su edad, blanco, más bien pálido, cabello negro,y un rostro con enormes ojos curiosos, negros, los ojos más oscuros que haya visto jamás, me miraba fijamente, con el rastro de una sonrisa en sus labios.
-ya se fue mi mamá?
-si ya se fue, estará aquí en un par de horas
-me aburro, jugarías conmigo?
-claro, que quieres jugar?
-que te parece a las escondidas?
-esta bien, pequeño, jugaré contigo a las escondidas, yo cuento y tu te escondes
-bueno, cuenta hasta cien
Y ahí me quede en el patio oscuro, apenas alumbrado con la luz de la luna, contando hasta cien para encontrar a un pequeño niño en una gigante mansión, pensé de repente que algo le podría ocurrir si se escondía en un armario o en un lugar estrecho, así que antes de llegar a cien salí a buscarlo, primero entre a la cocina, busque en cada gabinete y nada, los cuartos, los revisé de arriba a abajo y no lo logré encontrar, cuando llegue a el último baño que tenía por revisar y con mi exasperación al máximo oí un ruido a mis espaldas, algo se rompió, el vidrio roto calló en mis pies, y del susto me paralicé un poco, me volví lentamente y lo vi... un gato negro de gran tamaño había entrado por la ventana y rompió un jarrón, me trague el miedo y empecé a respirar lentamente, caminando más despacio por el miedo de los fantasmas inexistentes y de los peligros inminentes, hasta susurrar el nombre de Peter me daba miedo, así que lo busque en silencio por los pasillos y los alrededores de la casa, pero era imposible, no estaba en ningún lugar, las lagrimas empezaron a salir cuando el reloj marco las doce, faltaban solo unos minutos para que su madre llegará y él no estaba, simplemente se lo había tragado la tierra.
El sótano,-pensé- era el único lugar que no había revisado, pero bajar las escaleras hasta ese oscuro lugar me erizaba la piel, respiré profundo y empecé a hacerlo, con cada musculo de mi cuerpo tenso y un extraño frío recorriendo mi columna vertebral, llegue al sótano y nada no había nadie, al subir un poco las escaleras oí unas risitas detrás de mí y al volverme solo estaba una pared , llegue hasta ésta y la toque levemente, se abrió abruptamente, una puerta secreta, ahí estaba Peter sentado en una silla alta en donde sus pies quedaban colgando, mirándome con sus enormes ojos negros, pero yo ya no veía sus ojos ni esta repetida escena, lo que veía eran los restos de cuerpos a sus pies, brazos, manos, piernas, cabezas acomodadas en una estantería en orden de tamaño y sus ojos con cuencas vacías, la sangre llegó hasta mis pies, se sintió como cemento, no me podía mover, era como un sueño del cual despiertas cuando mueres, solo que esto no era un sueño. Sophia la hija de Marta o lo que quedaba de ella, se encontraba en una mesa de metal al lado de Peter, él jugaba con una de sus manos como si fuese lo más natural del mundo.
-Ellas me encontraron, sabes, no me gusta perder-dijo el pequeño monstruo caminando hacia mi.
-Aléjate de mi-grite-yo no te encontré, tu te dejaste encontrar-dije retrocediendo.
-Si...jajajaja eso es porque tu ojos son hermosos, quiero verlos cada día, siempre, como a las otras muñecas que me compro mi mami.
-Somos seres humano, pequeño bastardo, ni se te ocurra acercarte a mi-dije con el poco aliento que me quedaba tomando una barra de metal que estaba cerca
-Acaso dañarás a un pequeño niño?-dijo haciendo un puchero.
-Aléjate-grite- y corrí por las escaleras, con el malvado niño detrás de mi, solo habían dos opciones, o lo golpeaba o él me mataba y no pensaba morir en esta casa a manos de un niño, me acorralo contra la puerta principal que se encontraba cerrada y sin pestañear movió un enorme cuchillo de carnicero que tenía en sus pequeñas manos hacía mi, lo esquive lo máximo que pude, pero logro hacerme un pequeño corte en el brazo derecho,solté la barra de metal que llevaba y el asesino me tenía justo donde me quería, pero entonces sonó el timbre, el escondió el cuchillo detrás de un sofá y abrió la puerta diciendo: "Mami, me atrapaste!, ya me voy a la cama".
Yo estaba completamente desquiciada por el susto, pero tenía que comportarme con relativa normalidad porque no sabía cuanto conocía su madre de los asesinatos y no me quería arriesgar,tome el dinero y salí corriendo por la puerta apenas ella entro, corrí todo el camino hasta mi casa y al llegar abracé a mi madre y lloré, lo hice hasta el amanecer, mi madre me pregunto que me pasaba, pero no podía decírselo, nadie me creería,un niño de diez años intento matarme, sonaba ridículo, ordene mis cosas, y me marché, le dije a mi madre que iría a estudiar a la cuidad algunos años y que pasará lo que pasará no dejará que mi hermana trabaje de niñera en esa casa, le di escusas sobre lo problemático del niño y el mal trato de Elizabeth(aunque esta parte no fuese verdad) y me fui, sin embargo y por mi mala suerte, antes de llegar al tren me topé a Elizabeth con su hijo, ella me pidió que lo cuidará esa noche otra vez y yo le dije que no, porque me iba para no regresar, con lo cual el diminuto psicópata me miro y se rió con una risa de autosuficiencia, caminé unos pasos hasta el andén del tren y antes de irme para siempre y solo para no arrepentirme luego di media vuelta y le dije presurosa y agitada:
-Su hijo es un psicópata, se que esto suena mal, pero por favor evite que estas horribles cosas sigan pasando, revise el sótano!
La luz iluminó los rostros de ambos, madre e hijo, y densas sonrisas casi idénticas cruzaron por sus rostros, lo entendí todo,llegue hasta el tren y nunca más volví a ese pueblo.
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